South Carolina

Hace 21 años que le quitaron la licencia a un hombre de SC. Su vida se fue con ella

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Han desaparecido veintiuno años de la vida de Trevor Heyward.

No se dio cuenta hasta hace poco, cuando estaba sentado al otro lado de la mesa viendo su historial de conducción y una relación de sus arrestos.

Cuando el hombre de 43 años habla de su pasado, se inclina hacia adelante y cruza las manos.

A veces, cuando se anima particularmente, se inclina hacia atrás y las extiende.

Agita su mano en el aire, preguntando “¿entiendes lo que estoy diciendo?” o “¿sabes a qué me refiero?”

Quiere ser comprendido.

Sus manos, con los rasguños frescos producidos por los perros que pasa todo el día caminando, lavando y limpiando en Beaufort County Animal Services, están desgastadas por haber trabajado toda su vida. Hoy, está en la tercera de lo que será una jornada laboral de 16 horas. Una vez que Heyward termina este periodo de ocho horas en Animal Services, se marcha a su segundo empleo en un restaurante de comida rápida en Beaufort hasta la 1 a.m.

A veces, el hombre de Lady’s Island dice que siente que está corriendo.

Hace más de dos décadas, lo detuvieron y le multaron por conducir sin seguro, no tener puesto el cinturón de seguridad y no llevar la licencia consigo. Conducir un automóvil sin póliza de seguro peligroso, pero Heyward dijo que no podía permitirse pagar una factura adicional cada mes. Se arriesgó y se dirigió al trabajo.

Lo que no sabía en ese momento es que ese solo riesgo lo enredaría en un sistema legal que lo endeudaría abismalmente y lo obligaría a pasar cientos de días en la cárcel durante el mejor momento de su vida. Lo llevaría frente a casi todos los tribunales del condado de Beaufort.

Este enero, Heyward se enteró de la dimensión de esa parada: más de $13,000 en multas, al menos 330 días en la cárcel y la mitad de su vida dedicada a trabajar para pagar una deuda con el estado.

al de arrestos y su tiempo en la cárcel, tabulando por primera vez en su vida cuánto tiempo había pasado Heyward enredado en el sistema.

Cuando vio el resultado delante de él, las lágrimas rodaron por sus mejillas.

“No me había dado cuenta de que esta era mi vida”, dijo.

Los años habían desaparecido frente a él.

Cuando habla con la gente, pregunta repetidamente “¿entiendes lo que estoy diciendo?” y “¿sabes a qué me refiero?” para asegurarse de que lo comprenden.

Nadie le había preguntado eso nunca.

Porque si lo hubieran hecho, la respuesta habría sido “no, no entiendo”.

Heyward lleva 21 años intentando recuperar su licencia, su capacidad para trabajar y su vida.

A lo largo de Estados Unidos, se le ha suspendido la licencia a más de 11 millones de personas debido a deudas — casos en los que los conductores perdieron su licencia debido a multas y sanciones no pagadas. Casos en los que los conductores no habían sido acusados de conducir embriagados o de conducir imprudentemente; simplemente no podían pagar.

“Me siento atrapado”, dijo Heyward mientras repasaba la historia de su vida. “¿Entiendes lo que estoy diciendo?”

La historia de las paradas de tráficos y multas

Heyward ha sido arrestado 17 veces desde su primera multa en 1999.

La falta de pago de las multas adjuntas a la multa por no tener seguro dio como resultado que el Departamento de Vehículos Motorizados (DMV) de Carolina del Sur suspendiera su licencia.

Con frecuencia un policía detenía a Heyward, descubría que su licencia estaba suspendida y luego lo multaba o lo arrestaba, agregando nuevas multas y tiempo de cárcel a su historial.

El DMV luego evaluaba las tarifas de reintegro o agregaba suspensiones cuando Heyward inevitablemente se declaraba culpable.

El ciclo continuó durante dos décadas.

Nunca ha sido acusado de conducir imprudentemente ni de conducir bajo los efectos del alcohol. Pero se declaró culpable de ser un infractor de tráfico habitual, lo que añade cinco años a la suspensión de su licencia y hace que sea aún más difícil llegar al trabajo.

Los costos crecientes y un sistema judicial difícil de descifrar sin un abogado significan que Heyward ha sido acusado de cosas que no entendía y le ha impuesto multas que él sabía que nunca podría pagar.

La rutina diaria

Casi cada hora que está despierto, Heyward trabaja para pagar sus cuentas o saldar sus deudas.

Se despierta a las 7 de la mañana para prepararse para trabajar en el campus de animales del condado de Beaufort.

Durante varios meses, ha viajado en bicicleta durante 20 minutos hasta la casa de su compañera de labores Savannah Thomas, quien lo lleva al trabajo en Okatie.

“No quiero que lo atrapen conduciendo sin licencia”, dice Thomas simplemente, cuando se le pregunta por qué conduce con Heyward 30 minutos antes de lo necesario para estar en el trabajo. “Sé lo difícil que es salir de ese sistema una vez que entras en él”.

En el trabajo, Heyward limpia las perreras, lava, alimenta y pasea a los perros hasta las 4:30 p.m. Ha estado trabajando en Animal Services durante dos años, pero cuando su jefe comenzó a promocionarlo el verano pasado, su licencia suspendida le impidió trabajar para el condado de Beaufort en un nivel superior.

Trevor Heyward en el trabajo en 25 de febrero, 2021 en Beaufort County Animal Services.
Trevor Heyward en el trabajo en 25 de febrero, 2021 en Beaufort County Animal Services. Drew Martin dmartin@islandpacket.com

Su jefe, la directora de Animal Services, Tallulah Trice, comenzó a examinar sus registros para averiguar qué se necesitaría para recuperar su licencia. En ese momento, él pensó que debía alrededor de $2,400.

En realidad, era más del triple. Heyward todavía debía $9,149, incluso después de haber reunido $4,527 y pagado sus multas más antiguas por su cuenta.

El total que Trice descubrió era una cantidad casi ilimitada de dinero para Heyward.

“Ese número era demasiado grande. No estaba acostumbrado a trabajar con números tan grandes, no cuando trabajo en Wendy’s ganando $7.25”, dijo.

Trice le dedicó días en Animal Services desenterrando todas las multas que Heyward había acumulado y que ni siquiera conocía. La oficina principal del edificio se convirtió en una sala de guerra para diseñar estrategias sobre cómo pagar lo que debía y solicitar una audiencia de restablecimiento del DMV con el objetivo de recuperar la licencia para que lo pudieran ascender.

A lo largo de esos meses, los amigos y compañeros de trabajo de Animal Services hicieron un plan para ayudar a Heyward a pagar sus deudas. Ellos mismos cubrieron las multas para que pudiera solicitar el reintegro. Heyward señaló que había aprendido más sobre el proceso legal gracias a sus compañeros de trabajo que navegando solo por el sistema de justicia penal.

Trabajando horas extros

El día de Heyward no se acaba cuando termina de trabajar a las 4:30 p.m.

Él y Thomas van a casa, donde solo tiene unos minutos para cambiarse de ropa y ponerse loción en los brazos y los codos antes de tener que salir nuevamente.

Su vecino lo lleva al restaurante Wendy’s en Boundary Street en Beaufort, donde trabaja desde las 5 p.m. hasta la 1 a.m. de lunes a viernes. Los fines de semana, sale de Wendy’s en plena noche, a las 3 a.m.

Después de una día completa en Beaufort County Animal Services, el residente de Lady’s Island Trevor Heyward trabaja en Wendy’s en Beaufort hasta las una en la mañana en miercoles, 24 de Febrero.
Después de una día completa en Beaufort County Animal Services, el residente de Lady’s Island Trevor Heyward trabaja en Wendy’s en Beaufort hasta las una en la mañana en miercoles, 24 de Febrero. Drew Martin dmartin@islandpacket.com

Heyward dedica entre 15 y 18 horas diarias a trabajar. El resto de su día lo pasa viajando hacia y desde el trabajo y durmiendo.

“Cuando me detenían, no era como si fuera a Walmart o a la casa de un amigo”, dijo. “Siempre iba y venía del trabajo”.

Los periódicos Island Packet y Beaufort Gazette recopilaron los datos de un mes del registro de la cárcel del condado de Beaufort para rastrear las tendencias en cuanto a los arrestos por conducir bajo suspensión.

Esos datos revelaron que los arrestos nocturnos, cuando generalmente detenían a Heyward, suceden durante los momentos más comunes de detenciones y acusaciones de Detención por Suspensión

Desde el 13 de marzo al 13 de abril, más de un tercio de las personas encarceladas por conducir con licencia suspendida fueron fichadas entre la medianoche y las 6 a.m., cuando los trabajadores como Heyward regresan a casa desde sus labores de segundo y tercer turno.

La estrategia reciente de Heyward para ir al trabajo sin tener que conducir ha tenido éxito: no ha sido detenido ni arrestado desde 2017.

Pero no siempre se siente cómodo teniendo que depender de otras personas.

Durante mucho tiempo, se arriesgó a conducir para llegar al trabajo porque era la única forma. El condado de Beaufort tiene muy poco transporte público, y los autobuses de Palmetto Breeze que llevan a cientos de personas al sur del río Broad todos los días no pasan por su vecindario de Lady’s Island.

Y así comenzó un círculo vicioso: conducir al trabajo para conservar el empleo, detención, cárcel, más multas y deudas agregadas a su historial, y el riesgo de perder su empleo de salario mínimo.

“En mi vida, ese es el riesgo que tengo que correr porque tengo que ir a trabajar. Si no voy a trabajar, mi vida se acaba. Me arrestan por no pagar la manutención de los hijos, pierdo mi empleo y me echan de mi casa”, dijo. “O sales y vendes drogas, o consigues un trabajo. Obtuve un trabajo.”

Aun así, el historial de Heyward muestra las innumerables formas como ha tratado de evitar conducir.

En 2014, Heyward ya tenía 10 condenas por conducir bajo suspensión. Había pasado ocho meses en la cárcel. Iba a casa desde el trabajo en el histórico Beaufort en un ciclomotor, tratando de evitar que lo detuvieran por conducir un automóvil sin licencia, cuando un oficial de policía de Beaufort lo vio.

“Fue solo la mirada que me lanzó. Giró el cuello, mirándome”, recuerda Heyward. “Conocía esa mirada. Sencillamente me asustó “.

Heyward giró hacia el Spanish Moss Trail para evitar que lo atraparan conduciendo el ciclomotor. Pero cuando salió del Trail, el oficial estaba allí, listo para arrestarlo.

Fue acusado de conducir sin licencia de ciclomotor y de conducir un vehículo motorizado en el Trail.

Su multa por la infraccion fue de 137 dólares. La violación de la regla sobre Spanish Moss Trail costó $1,092.

En lugar de llegar a casa ese día, terminó en la cárcel.

El DMV y licencias suspendidas

La historia de Heyward en el sistema judicial es difícil de rastrear, incluso para él. Sabe cuántas veces ha estado en la cárcel, pero no ha podido llevar un registro de las fechas. El papeleo que tiene está plagado de jerga que no comprende.

¿Qué es una “infracción de tráfico miscelánea”? ¿Y por qué me cuesta $150?

Algunos de los registros públicos de Heyward especifican direcciones incorrectas; otros no incluyen su fecha de nacimiento. Ha estado ante casi todos los tribunales municipales y magistrales del condado de Beaufort.

El nativo de Nueva York que creció en los condados de Beaufort y Jasper fue acusado de tres infracciones de tránsito en Hilton Head en 1999: violación del cinturón de seguridad, conducir un vehículo sin seguro y no llevar su licencia de conducir.

Cuando no pagó las multas por esos delitos, le suspendieron su licencia. Entonces, las cosas se multiplicaron.

Desde 1999, Heyward ha sido detenido 17 veces. Le han acusado de conducir con licencia suspendida 14 veces, de conducir sin licencia cuatro veces, de no usar el cinturón de seguridad cuatro veces, de exceso de velocidad tres veces y de posesión de drogas tres veces.

También ha sido tildado de delincuente habitual, una persona que ha acumulado tres o más infracciones de tráfico importantes en un período de tres años.

El DMV considera que conducir bajo suspensión es una infracción de tráfico “mayor”, junto con el homicidio vehicular y los atropellos y fuga.

La agencia revoca las licencias de infractores de tráfico habituales durante cinco años. Eso dispuso a Heyward a recibir aún más cargos de conducir bajo suspensión cuando inevitablemente se trasladaba al trabajo.

A simple vista, el historial de conducción de Heyward lo ponía a él y a otros en riesgo. Él admite que conducir sin cinturón de seguridad o consumir pequeñas cantidades de drogas fueron malas decisiones. Pero en general, su historial es un litigio recurrente de un incidente seguido de años de no pagar multas y sanciones, no un referéndum sobre su forma de conducir.

En cualquier mes, Heyward destina la totalidad del cheque de uno de sus empleos a manutención infantil para ayudar a criar a sus dos hijos, lo que le cuesta $720. El resto de lo que gana se destina al alquiler de su casa móvil, al servicio de Internet y otras cuentas, incluidas algunas que ayuda a pagar a su madre, y comida para él y su familia de cuatro personas.

El Departamento de Vehículos Automotores DMV ofrece opciones para los conductores con licencias suspendidas para facilitarles llegar al trabajo o pagar las multas en el largo plazo.

Pueden obtener una licencia temporal, llamada licencia de conducir con restricción de ruta, para viajar entre el trabajo y el hogar.

Heyward no calificaba por ser infractor de tráfico habitual.

El DMV también ofrece un plan para que los conductores realicen pagos de $50 sobre sus multas o sanciones cuando puedan.

Heyward tampoco califica para ese programa debido a cargos anteriores, como no pagar las multas de tránsito y no comparecer ante el tribunal.

Así que, durante mucho tiempo, Heyward dijo que había renunciado a pagar las crecientes multas.

Los costos, que hasta enero ascendían a miles de dólares, eran cifras que simplemente no podía poder pagar mientras trabajara en empleos de salario mínimo.

Por ello dejó de intentar ahorrar miles mientras trabajaba ganando $7,25 la hora y dedicó su dinero a las cuentas más apremiantes.

“A la edad de 43 años, no tengo $10,000 para poder pagar. Siempre he tenido empleos de bajo nivel. Tuve oportunidades de conseguir un mejor trabajo”, dijo, “pero carezco de licencia”.

Racismo en el condado de Beaufort

Antes de dejar de conducir, Heyward dijo que era una de las pocas personas que atravesaba las carreteras entre Beaufort y Lady’s Island después de la medianoche.

Sus sentidos se intensificaban. Escudriñaba las calles laterales, buscando a la policía, porque sabía que estaba “conduciendo siendo negro”.

También sabía que estaba infringiendo la ley al conducir. Pensaba que, si pudiera llegar a casa, podría dormir unas horas antes de levantarse para volver al trabajo.

A veces, no lo lograba.

En diciembre de 2015, Heyward conducía a casa después de trabajar en Wendy’s cuando se desvió para evitar un bache en el medio de su carril.

Vio que se encendían luces detrás de él y oyó el sonido de una sirena. Al mirar por el espejo retrovisor, vio a un oficial de policía de Beaufort desviarse para evitar el bache antes de detenerlo.

Lo primero que dijo el oficial cuando se acercó al auto de Heyward fue que olía alcohol en su aliento.

“Le dije: ‘Acabo de salir del trabajo y ni siquiera bebo’. Pero él dijo que olía a alcohol; pidió la licencia y el registro, y entonces me di cuenta de que no podía discutir con él porque no tenía licencia”, dijo Heyward.

La multa le costó a Heyward $2,545.

Esa noche fue a la cárcel y luego usó a un fiador para pagar una fianza de $ 1,275 para salir.

La fianza está destinada a garantizar que la persona regrese a la corte. Los acusados de delitos en Carolina del Sur pagan una cantidad fija para salir de la cárcel y luego recuperan ese dinero cuando se presentan en la corte.

Sin embargo, quienes no tienen todo el dinero disponible por adelantado pueden pagarle a un fiador el 10% de la fianza para salir de la cárcel, y el fiador deposita la cantidad total. Aunque que el fiador recupera todo el dinero cuando la persona acude a la corte, el 10% ya pagado no es reembolsable. Solo es un gasto más para Heyward.

“Para mí, es un negocio”, dijo Heyward. “Están ganando dinero. Si pago las multas, les pagan. Si voy a la cárcel, de todas maneras, les pagan”.

Heyward ve el miedo constante de ser detenido ligado al estrés de ser sometido al racismo.

Contrasta lo que le sucede a él con lo que les sucede a los amigos blancos cuando entran en contacto con la policía.

“Conozco a personas que han recibido una advertencia”, dijo, o personas que dijeron que los agentes “les dejan hacer una llamada o hacer que alguien los recoja.”

“No voy a decir que soy el objetivo escogido, pero no creo que sea justo”.

En 2008, Heyward salió del trabajo en Hilton Head y se enteró de que su novia estaba en trabajo de parto en el Coastal Carolina Hospital. De camino a ver nacer a su hija, un policía estatal de Carolina del Sur lo detuvo.

Dijo que el oficial no se acercó a su ventana, como es habitual. En cambio, usó su

sistema de megafonía para exigir que Heyward saliera de su coche con las manos en alto. El oficial lo obligó a poner sus manos en la parte trasera de su auto, le pidió su licencia y luego lo esposó. Heyward dijo que todavía no sabe por qué lo detuvieron.

“Puedes preguntar ‘¿por qué, por qué?’, Pero cuando te piden la licencia de conducir y el registro, todos esos ‘por qué’ son inútiles”, dijo.

Cuando Heyward le explicó que su novia iba a tener a su bebé, el oficial no le permitió llamar al hospital ni a su novia para decirle que iba a la cárcel.

“Tuvo que dar a luz a su bebé sin saber dónde estaba yo. Quedé como un vago, como si ni siquiera me importara y no fuera a aparecer “, dijo. “Si fuera una persona blanca, al menos le hubieran permitido llamarla. No es nada hacer una simple llamada telefónica”.

Heyward vio a su hija por primera vez al día siguiente, cuando su novia lo recogió en la cárcel.

ANTECEDENTES PENALES DE TREVOR HEYWARD

* El cárcel de condado de Beaufort solo guarda la información de las personas que no encarcelado desde 2014 al presente. El número de días que Heyward fue en el cárcel está incompleto porque los datos no están preciso en el indexo público de condado de Beaufort.

¿Y ahora qué?

Heyward no habría intentado pagar sus multas si sus compañeros de trabajo en Animal Services no hubieran creído en él y le hubieran dicho que era posible, dijo.

Ahora que tiene la oportunidad de mirar al pasado, Heyward ve los cientos de días en la cárcel y más de $13,000 que pagó en multas como un socavón. Esta primavera, tiene la oportunidad de restablecer su licencia. Pagó sus multas y pidió una audiencia de reintegro con el Departamento de Vehículos Motorizados.

El oficial de audiencias del DMV decidirá si puede recuperar su licencia y, por lo tanto, si obtendrá su promoción.

En los Estados Unidos, tener una licencia de conducir es clave para formar parte de la sociedad. Permite a la gente conseguir trabajo, viajar y, quizás lo más fundamental para nuestra democracia: votar.

Puesto que su licencia ha estado suspendida durante dos décadas, Heyward nunca ha votado en el condado de Beaufort.

No tiene voz en el sistema que ha impactado su vida de tantas formas.

“Ellos hacen las leyes sobre la manutención de los hijos y todo eso, pero no nos educan sobre eso; yo lo aprendí trabajando” en Animal Services, dijo. “Dependes de las personas por las que votaste para que te ayuden, y yo no tengo voz”.

Tiene que haber otra forma, dijo.

Haz clic aquí para leer la segunda parte de Fined Out.

This story was originally published April 29, 2021 at 9:30 AM.

Katherine Kokal
The Island Packet
Katherine Kokal graduated from the University of Missouri School of Journalism and joined The Island Packet newsroom in 2018. Before moving to the Lowcountry, she worked as an interviewer and translator at a nonprofit in Barcelona and at two NPR member stations. At The Island Packet, Katherine covers Hilton Head Island’s government, environment, development, beaches and the all-important Loggerhead Sea Turtle. She has earned South Carolina Press Association Awards for in-depth reporting, government beat reporting, business beat reporting, growth and development reporting, food writing and for her use of social media.
Jake Shore
The Island Packet
Jake Shore is a senior writer covering breaking news for The Island Packet and Beaufort Gazette. He reports on criminal justice, police, and the courts system in Beaufort and Jasper Counties. Jake originally comes from sunny California and attended school at Fordham University in New York City. In 2020, Jake won a first place award for beat reporting on the police from the South Carolina Press Association.
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