El pastor de Bluffton entre los ‘soldados de primera línea’ mientras COVID afecta a la comunidad latina
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El pastor Juan Rivera está agotado.
Pasó aproximadamente un año y medio como enlace y misionero con la comunidad latina para la Iglesia de la Cruz de Bluffton, antes de decidir renunciar. En los últimos meses de su ejercicio, durante la pandemia de COVID-19, trabajó con la comunidad latina a través de la iglesia encontrándoles ayuda con el alquiler y los alimentos. También dirigió los servicios para la pequeña pero creciente congregación de habla hispana.
Muchos latinos estaban sin trabajo, dijo Rivera, mientras la pandemia azotaba las industrias locales de servicios y hotelería. Algunos se enfermaron con COVID-19 e intentaron tratar la enfermedad con remedios caseros, solo para terminar en la sala de emergencias o en la UCI.
“Éramos soldados de primera línea cuando comenzó el COVID,” dijo Rivera sobre su trabajo de brindar ayuda a los pobres. “Sencillamente nos atrevimos a ir a donde ningún hombre había llegado antes.”
Luego, el 7 de enero, él y su esposa, Elisabet, descubrieron que dieron positivo para COVID-19. Sufrieron de neumonía y dificultad para respirar durante varias semanas antes de recuperarse.
Los Rivera se encuentran entre más de 2,100 latinos y 14,500 personas en los condados de Beaufort y Jasper a quienes se les ha diagnosticado el virus.
La pandemia ha tenido un impacto especialmente severo en los afroamericanos y los latinos, que se han enfermado y han fallecido a causa del coronavirus a tasas más altas que otros grupos demográficos en todo el país.
Además, las estadísticas nacionales muestran que se están vacunando a tasas más bajas que las personas blancas, ya que los funcionarios públicos y los líderes comunitarios enfrentan retos continuos para comunicar la seguridad y la eficacia de la vacuna a los hispanohablantes.
Aun así, estos soldados de primera línea siguen adelante.
Lo que muestran los datos
Los expertos dicen que una serie de factores probablemente explican la disparidad en los casos en todo el país. Por un lado, los latinos y los afroamericanos tienen más probabilidades de padecer de problemas de salud subyacentes, como obesidad, problemas cardíacos y diabetes tipo 2, que los ponen en mayor riesgo de sufrir casos graves de COVID-19.
Y aunque muchos adultos todavía trabajan desde casa, esa opción no está disponible para la gran cantidad de latinos y afroamericanos que trabajan en labores de primera línea, dijo Ana García, especialista de alcance a las minorías del Departamento de Salud y Control Ambiental de Carolina del Sur.
“Las condiciones de vida, los hogares multi-generacionales, los entornos laborales, las prácticas comunitarias y las reuniones también contribuyen a la transmisión del COVID,” dijo.
En el condado de Beaufort, donde los latinos constituyen el 11.1% de la población, representan el 14.3% de los casos de COVID-19 y el 14.3% de las hospitalizaciones, según muestran los datos del último día que informó el DHEC. En Jasper, donde los latinos constituyen el 13.4% de la población, representan el 16.2% de los casos y el 13.7% de las hospitalizaciones.
Pero el porcentaje de personas con COVID-19 que son latinas casi con certeza es más alto en ambos condados: el 32.1% de las personas con COVID-19 en Beaufort y el 29.9% en Jasper no informan su origen étnico.
En el estado en su conjunto, los latinos representan un porcentaje mucho menor de casos de COVID-19, con un 6.4% y hospitalizaciones con un 5.2%, pero también representan solo el 5.8% de la población del estado.
Los condados de Jasper y Beaufort, respectivamente, tienen los porcentajes segundo y tercero más altos de latinos en el estado, detrás del condado de Saluda, y Beaufort tiene la cuarta población latina más grande. Lowcountry ha experimentado un tremendo crecimiento en las últimas décadas, en parte impulsado por la inmigración de países latinoamericanos.
Los datos disponibles muestran que los afroamericanos en los condados de Beaufort y Jasper están hospitalizados de manera desproporcionada, pero no infectados, con COVID-19. Constituyendo el 17.7% de la población total del condado de Beaufort, las personas negras han representado el 10.3% de los casos de COVID-19 y el 21.4% de las hospitalizaciones dentro del condado, según los datos de DHEC. En Jasper, donde los afroamericanos constituyen el 41,6% de la población, estos han representado el 27.1% de los casos y el 52% de las hospitalizaciones.
A nivel estatal representan el 20.5% de los casos y el 36.1% de las hospitalizaciones. Conforman el 26.5% de la población del estado.
Pero muchos de los datos raciales y étnicos locales relacionados con COVID-19 no están disponibles, lo que dificulta la evaluación del alcance total del impacto del COVID en las poblaciones minoritarias. En el condado de Beaufort, el 28.1% de los datos raciales están reportados como “desconocidos” o “bajo investigación” en el sitio web de DHEC. En Jasper, el 21.6% es desconocido o está bajo investigación. Los datos raciales y étnicos son auto informados.
Además, el estado no publica datos demográficos sobre la distribución de vacunas; por ello no está claro si se están vacunando a las minorías raciales y étnicas a tasas similares a las de los blancos. Un informe del CDC publicado el 1 de febrero mostró que, durante el primer mes del lanzamiento de la vacuna, el 60.4% de los beneficiarios en todo el país eran blancos, el 11.5% eran hispanos / latinos y el 5.4% eran afroamericanos. Pero faltaron datos de raza y etnia para el 48% de los destinatarios.
Nadia Paez, dueña de la tienda de bocadillos La Potosina en Ridgeland y líder en la comunidad latina del condado de Jasper, dijo que muchos latinos dudan en recibir la vacuna COVID, lo cual refleja las tendencias nacionales.
“Espero que algunas personas puedan hacerlo,” dijo Paez. “Necesito ser el ejemplo.”
Páez también se ha sentido indecisa. Pero ver hablar en Facebook Live a Othoniel Hatchett, oficial de policía retirado y socorrista de emergencias de primera respuesta sobre recibir la vacuna la hizo sentir más segura, dijo.
Hacer correr la voz
Othoniel Hatchett, ahora completamente vacunado, se siente muy bien. Inicialmente sintió dolor en el brazo y fiebre después de ambas inyecciones, pero lo tomó con calma.
“Es una indicación de que el cuerpo está reaccionando a la vacuna y está trabajando para producir anticuerpos,” dijo Hatchett.
Como reportero voluntario de WHHI y locutor de radio en español, Hatchett usa su conocimiento y experiencia para animar a las personas a vacunarse. Señaló que la información errónea sobre la vacuna se está extendiendo rápidamente entre los latinos, al igual que entre la población en general, y los está desalentando a vacunarse.
Hatchett investigó antes de recibir la inyección en el trabajo. Pero dijo que cree que la información acertada sobre COVID-19 no está llegando a las comunidades de habla hispana alrededor de Carolina del Sur, y le gustaría que los funcionarios públicos hicieran un mayor esfuerzo.
Tal es el proyecto de Ana García. Comenzó como especialista de alcance a las minorías para el DHEC en octubre, trabajando para generar confianza con las comunidades minoritarias en todo el estado a través de relaciones con líderes y medios locales.
Gran parte de su trabajo implica establecer el reconocimiento del nombre del DHEC en las comunidades de habla hispana, para que la gente pueda aceptarlo como una fuente confiable de información en inglés y en español.
“Es como decir, sí, somos el departamento de salud,” dijo. “Pero tratamos de señalar qué [es el DHEC]. Es el departamento de salud el que está dando esa información. Es el Departamento de Salud y Control Ambiental.”
El mayor reto que enfrenta García ahora es el sentimiento que muchos están experimentando casi un año después de que COVID-19 se convirtiera en una palabra familiar en Carolina del Sur: se han estrellado contra su “muro pandémico.”
Pero a medida que las nuevas variantes de COVID-19 subyugan el país, este no es el momento de bajar la guardia, dijo García.
“La gente [quiere] ver a familiares y amigos,” dijo. “Es totalmente comprensible. Pero realmente la pandemia no se está acabando. Aún nos queda un largo camino por recorrer con la vacuna. Esperamos que sea más pronto que tarde.”
Lo que se ha perdido
Hace varias semanas, la suegra de Hatchett murió debido al COVID-19. Luego, su prima.
Estas pérdidas han sido duras para su familia. Pero Hatchett dijo que también está profundamente preocupado por los miembros de su familia que han tenido COVID-19 pero no se han recuperado por completo. Muchos pacientes con COVID-19 no recuperan el sentido del gusto u olfato durante meses. Algunos sufren daños en los pulmones, el corazón o el cerebro.
“La gente me dice: ‘No siento lo mismo,’” dijo. “’Yo no soy el mismo.’”
Estos efectos prolongados aterrorizan a Hatchett, y se siente aliviado de estar protegido de ellos. Con la lenta entrega de la vacuna y la gran vacilación, muchos no lo están.
“Hay demasiada gente que fallece,” dijo. “La gente necesita protegerse. Necesitan proteger a su familia. ... La gente necesita usar máscaras. Las personas deben mantenerse alejadas de los demás. De esa forma, te proteges. Proteges a los otros.”
Traducción por Clorinda Zea.